- Aumenta el tiempo de conservación de los alimentos, evitando la proliferación de microorganismos aeróbicos (que necesitan oxígeno para su crecimiento)
- El producto no pierde peso. Cuando se congela, se genera una pérdida de peso del 2% al 3%, sin embargo, en el envasado al vacío al no haber deshidratación no existe este problema.
- Mantenimiento de las propiedades. Los alimentos no pierden su textura ni su apariencia; no absorben olores del exterior y tampoco humedad; conservan los nutrientes, el sabor y el aroma.
- No aparece la quemadura del hielo. No hay contacto directo del frío con la comida
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